El otro cuento de la Rana y el Escorpión |
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El escorpión tiene mala prensa. Se lo conoce poco; es más, se conoce poco. Este animal –al ser atacado- responde con una rapidez asombrosa. Recuerdo el fallido intento realizado hace años, de poner y sacar una maderita entre las patas del escorpión antes de que éste picara. Imposible. Su velocidad de respuesta ante la amenaza era vertiginosa. Tal la naturaleza del escorpión.
Recordemos el relato de la rana y el
escorpión. En la orilla de un río
caudaloso el escorpión le pide a la rana
que lo cruce al otro lado. Luego de
negarse –por temor a ser picada- la
rana accede a transportarlo, tras el
escorpiano argumento de no poder
matarla pues morirían los dos en las
aguas del torrente. En mitad del río, el
escorpión le clava su aguijón. La rana –
moribunda- le pregunta el por qué, ya
que ambos morirán ahora en la mitad
del río. El escorpión responde: “Es mi
naturaleza.”
Naturaleza asesina, despiadada. Fama de mal bicho, con imposibilidad de cambio, ya que es biológica la causa, es algo dado por la naturaleza.
Ahora bien. ¿De qué trata la “naturaleza” del escorpión? ¿Es realmente el asesino malintencionado del relato? Y si así fuera ¿Por qué matar a la rana recién en mitad del río, uniendo al asesinato su suicidio? Sospecho que algo no cierra en este cuento.
Si el escorpión es la figura, el río es el fondo. Fondo que hace comprender la figura, y relatar otro cuento:
El escorpión pide a la rana que lo cruce,
pues no sabe nadar; es más, le teme al
agua pues es un animal de tierra. La
rana le cree y lo sube a sus espaldas.
Se inicia el cruce. Imagino al escorpión
sobre la rana, muerto de miedo. Más, un poco más. Están en medio del río. Distancia máxima de cada orilla. El peor
lugar del río, el más alejado de la costa salvadora. El miedo estalla en el escorpión.
Asustado, casi en pánico, reacciona frente al sentirse atacado. Y pica. Y mata. A la vez,
muere.
Muere ya que no pudo registrar su miedo. Si le hubiera podido decir a la rana de su temor, ésta podría haberlo calmado, ayudado a atravesar el pico máximo del miedo en mitad del río. Para esto el escorpión tendría que haber registrado que tenía miedo; y saber de sí que al tener miedo, reacciona atacando sin registro del miedo. Saber que cuando va a atacar, en el instante anterior, padece de miedo. Quizá hubiera logrado que en lugar de sentirse atacado, registrara el miedo inhibiendo la acción. Pues esa es la “naturaleza” del escorpión. Teme algo, se siente atacado, y reacciona picando; y sólo tiene conciencia de esto último.
O sea que en lugar de un terrible asesino, la rana está ante un temeroso animal,
poderosamente reactivo.
Si el escorpión pasa a ser fondo, la rana puede ser figura. Rana que no es ingenua, pues sabe de la naturaleza del escorpión. Se niega –inicialmente- a transportarlo. De naturaleza confiada, la rana acepta el argumento del escorpión. La lógica –impecable y a la vez fallida- de la explicación, quita sus dudas. Confía ciegamente, pues sólo de esa manera alguien se pondría un escorpión encima. ¿Y qué enceguece el juicio –insisto, no ingenuo- de la rana?
Por un lado, su posibilidad de confiar ciegamente. Pues una cosa es ser confiado, otra es ser capaz de hacerlo desconociendo la percepción, ceguera mediante. Por otro lado, el arrullo del argumento que –cual canto de sirenas- lo aparta de su centro, de su sentir temor ante este otro peligroso animal. Otro que –al no ser reconocido como otro, como diferente, con naturaleza distinta,- es creíble como un igual. Anulación de la diferencia, negación de la percepción, confianza ciega indiscriminada. Atravesados sus ojos con el eficaz argumento, será atravesado su cuerpo con el aguijón en medio del río.
Si el escorpión y la rana devienen en fondo, la figura se instala entre ambos. Tenue línea de la desconfianza-confianza. Desconfianza extrema del escorpión, que ante cualquier cosa cerca, ataca, no duda, no vacila; desconfía de todo y reacciona siempre. Confianza de la rana que –desafiando, más bien desestimando su percepción- confía en argumentos que se anularían de sólo mirar. Confianza extrema del escorpión, que sin duda, sin vacilación alguna ataca, confiando absolutamente en su percepción de la realidad, y que ésta es tal cual él la percibe. Desconfianza total de la rana acerca de su percepción, invalidando su registro y sus propios argumentos.
Cuando ranas y escorpiones nos consultan, demandando por sus padeceres, nos queda por preguntarnos: ¿Qué haremos y cómo comprenderemos al próximo escorpión? ¿Cuál es el trabajo a realizar con él? Y cuando una rana confiada recite potentes argumentos ¿Recurriremos a su percepción negada? ¿Comprenderemos su deseo de quedar encantada por la escorpiana melodía? ¿Nos daremos cuenta que la rana trae un escorpión con ella, que el escorpión viene subido a una rana?
(*) Ricardo Klein es Licenciado en Psicología,colaborador docente de la Escuela de Formación y
miembro del Servicio de Asistencia a la Comunidad de AGBA.