|
|
El contacto en la vida, en la concepción y método de la terapia gestáltica
Perspectiva clásica e perspectiva en las culturas de idiomas latinos. Trabajo presentado en el II Congreso Latino de Gestalt Terapia.
Selma Ciornai (*)
El tema de esta mesa es bastante complejo y comprende, en verdad, tres subtemas: “el contacto en la teoría y práctica de la Terapia Gestalt (TG)”, “el contacto en la vida” y “el contacto en la cultura latina en comparación con la anglosajona”. Cada uno de estos subtemas me llevó a caminos diferentes de reflexión, de manera que, como tengo sólo 25 minutos, elijo hacer algunas consideraciones sobre estos tres subtemas, en el sentido de provocar algunas reflexiones conjuntas más que de llegar a elaboraciones teóricas más definitivas. Tangencialmente a estos subtemas y como paño de fondo de estas consideraciones, encontramos cuestiones más amplias:
¿La TG es aún un abordaje de vanguardia? ¿Es una perpectiva psicoterapéutica valiosa en el presente? La visión del mundo que dio origen a la TG en los años 50 y 60 durante el final de la era moderna, ¿es válida todavía hoy en día en esta desnorteante posmodernidad? Y, focalizando en la cuestión del contacto específicamente como tema de esta mesa, cuando describimos a la TG como una terapia de contacto ¿qué tipo de contacto tomamos como referencia?
Comienzo entonces por el concepto en la teoría y método en Terapia Gestalt
El contacto, de acuerdo con Perls, Hefferline y Goodman (1951), es la realidad simple y primordial, básica en nuestra relación con el mundo. Contactar es la interacción que ocurre en la frontera organismo-ambiente, es la actividad y el funcionamiento propio de esta frontera que, como todos saben, no se refiere a una frontera “concreta” que “separa” el organismo del ambiente, sino a un concepto simbólico referido a una función dinámica que no sólo limita y protege, sino que posibilita el contacto, alterándose y modificándose metafóricamente en términos de permeabilidad, densidad, rigidez, nitidez, etc. Jean-Marie Robine además señala la diferencia entre contacto y relación, términos frecuentemente utilizados como sinónimos por terapeutas gestálticos, pasando por alto que contacto es apenas un componente de la relación, una parte de un todo más complejo (Robine, 1998, cap.4).
En un parágrafo famoso del capítulo “La estructura del crecimiento”, Perls, Hefferline y Goodman explicitan su comprensión del contacto de la siguiente forma: “Entendamos bien que el proceso de contacto, la consciencia inmediata, y la respuesta motora son tomados aquí en el sentido más amplio, incluyendo el deseo y el rechazo, el acercarse y el evitar, la sensación, el sentimiento, la manipulación, el cálculo, la lucha por, etc., todo tipo de relación viva que tiene lugar en la interacción del organismo con el entorno” (1951, p.229). Desdoblando esta comprensión para las “funciones de contacto” y para la afirmación de que el contacto es siempre con lo nuevo, siempre un proceso de ajuste creativo del organismo con el medio.
En el mismo capítulo, los autores escriben que estos procesos resultan en la formación de figuras confusas, opacas y desenergizadas cuando el campo como un todo no consigue proveer recursos para completar la figura. Pero percibo que, a pesar de que en la teoría básica de Gestalt siempre se habla en términos de campo organismo-ambiente, en la práctica los terapeutas gestálticos consideran los ciclos de contacto como del individuo, de sus sensaciones, su darse cuenta, su movilización energética y de ahí en adelante.
El observador vuelve su mirada hacia los procesos individuales. Sin embargo, los procesos y movimientos de contacto de un individuo nunca ocurren en realidad sólo individualmente, son compartidos, estimulados o reprimidos por los individuos con los cuales intercambia y por los contextos en que se mueve. Usando una vez más una diferenciación subrayada por Robine (2003), estos procesos de contacto no se dan en un campo (psicosocial, etc) sino que son procesos del campo.
Zinker (1994), en En Busca de la Elegancia en Psicoterapia amplía el concepto de ciclo de contacto para una comprensión de procesos inter-relacionales en una perspectiva sistémica, pero, eso tampoco parece ser una ampliación suficiente en nuestros referentes.
Es más, en verdad hay dos modelos de ciclo de contacto. El presentado en el libro de Perls, Hefferline e Goodman que sólo habla de pre-contacto, contacto e post-contacto, y el de la escuela de Cleveland, que nombra sub-etapas de este ciclo – sensación, consciencia inmediata, etc. Mas este modelo me parece muy lineal, pues, convengamos, no dejamos de tener sensaciones al entrar en las fases de consciencia, ni de tener consciencia en la fase de contacto y así en adelante. Sugiero por lo tanto cambiar este modelo por el de una configuración en que todos los factores están presentes, pero, que en términos de la relación figura-fondo, cambia de “foco” en cada etapa, o sea, en diferentes momentos cambia lo que aparece predominantemente como figura en nuestra experiencia (Ciornai, 1987).
Gordon Wheeler (2000), en su libro Beyond Individualism (Más allá del individualismo), apunta hacia el paradigma del individualismo que ha caracterizado a la civilización occidental durante los últimos 3000 años, y, aportando el pensamiento de campo para el pensar y la práctica terapéutica, focaliza sobre todo en las experiencias de vergüenza y soporte, ya presentes en cuanto temas en el libro editado con Robert Lee (1996) The Voice of Shame (La Voz de la Vergüenza). Estas experiencias, según este autor, no pueden ser comprendidas sin un pensamiento de campo.
Definiendo vergüenza como la experiencia resultante de una insuficiente conexión y soporte de campo, y terapia como el proceso de reversión de las condiciones de campo que causaron o aún causan vergüenza, a través de experimentos interactivos con el lector, va mostrando cómo la clave para algo nuevo en los viejos ciclos de sentimientos de vergüenza y siempre estar menos sólo con ellos, pues provienen de aquellas experiencias en que nos hallamos solos y sin soporte en nuestras vidas. De esta forma, lo curativo es que el otro (el amigo, el terapeuta, el “testigo íntimo”) restaura, por su presencia, el campo intersubjetivo del individuo que antes se veía aislado.
Wheller apunta hacia procesos psicológicos que sólo pueden ser comprendidos a partir de una perspectiva de campo. Sin embargo, para entender los procesos de campo necesitamos estudiar más, no sólo lo que ocurre con el individuo, sino también con el campo, integrar más a nuestro conocimiento y práctica las comprensiones de la sociologia, de la antropología y de la ecología, no basta estudiar sólo psicología. Es como querer entender psicosomática estudiando apenas el lado psicológico de la cuestión
En este sentido, la psicología transpersonal y los movimientos espirituales, así como las eco-villas y la terapia comunitaria de Adalberto Barreto, han tomado el, lugar de vanguardia y de terapia de la nueva era que la Gestalt ocupó en los años 60, al enfocar lo que hay más allá de lo personal, aquella dimensión humana que transciende nuestra personalidad, donde (tomando prestadas mis propias palabras del Encuentro Nacional de 1989), “ampliamos nuestras fronteras personales para percibirnos vinculados a los otros, para percibir la unidad de todas las cosas, redescubriéndonos como manifestación de la energía universal, y de esta forma redescubrimos nuestra conexión con los vientos, las estrellas, los mares, la naturaleza, ampliando nuestro sentido de fronteras hacia donde “yo soy yo, pero también soy tú, y tú eres tú pero también eres yo” (Ciornai, 1987).
Esta dimensión, a pesar de constar en algunos de los escritos de Perls, Hefferline e Goodman, no se ha hecho presente en cuanto figura en la terapia Gestalt. Y, sin duda, implica favorecer un tipo de contacto que posibilite esta ampliación de fronteras personales.
La otra cuestión es respecto al contacto en nuestras vidas
El hombre de los años ’60 tenía sueños, utopías, esperanzas. El hombre de los ’90 se siente vacío y desencantado. Teóricos del post modernismo como Lyotard (1979), señalan la fragmentación de la cultura y del sujeto contemporáneo. Términos como “saturación de información”, “pérdida de la sustancia del sujeto” (el individuo se siente vacío), y “pérdida de las referencias de lo real” (lo que es tenido como real deja de estar orientado por referencias estables) han sido usados para describir la experiencia humana en los días de hoy. El término “neo-individualismo posmoderno”, describe el sujeto que vive sin otros ideales que no sean cultivar su propia imagen y buscar satisfacciones inmediatas. Narcisista, consumista y vacío, el está en el centro de la crisis de valores posmoderna (...) No es sin razón, que en la economía de la sociedad de consumo, los valores basados en el placer de usar bienes y servicios hacen de los shoppings sus templos favoritos (Santos, 1986, p.30).
Vivimos en plena era de la informática, los chips, los celulares, los e-mails, las salas de chat, los dígitos. Segundo Santos (1986), el bit dígito binario, la base lógica de la computadora, constituye el cuello por donde lo social está siendo forzado a pasar. No exige decisiones profundas, existenciales, sino respuestas rápidas, impulsivas, buenas para el consumo. Todo y rápido, sin un no, puntual, borra, confirma, descarta.
Este es el parámetro de contacto contemporáneo. Inclusive en las relaciones personales.
En términos socio-económicos, el sociólogo Zygmunt Bauman, en varios de sus libros, (Globalización: Las Consecuencias Humanas, El malestar de la Posmodernidad (1998), Modernidad y Ambivalencia (1999), etc), al analizar la época posmoderna, la denomina como “modernidad líquida”, por ser, al contrario de la era industrial, una época en que los bienes de mercado son cada vez más desterritorializados e desmaterializados, esto es, cada vez más virtuales. En este sentido, el trabajador y el operario de la era industrial también pierden si importancia, pues se precisa cada vez menos de personas para producir y el desempleo y la inseguridad pasan a ser un espectro que asombra a todos. Es una época vivida como incierta, incontrolable y amenazante. De acuerdo con Bauman (2004) “el único personaje que los practicantes del mercado pueden y quieren reconocer y acoger es el ‘homo consumens’, el solitario, autoreferente y autocentrado comprador que adoptó la búsqueda por la mejor pichincha como una cura para la soledad y no conoce otra terapia” (p.89). El escribe: “El mayor y probablemente el más fundamental suceso de la ofensiva de mercado ha sido el gradual pero persistente (...) deterioro de las habilidades sociales (....), reforzado y acelerado por la tendencia inspirada en el estilo de vida consumista dominante a tratar a los otros seres humanos como objetos de consumo y juzgarlos, según el monto de placer que ofrecen. (....) En ese proceso, la solidaridad humana es la primer baja causada por el triunfo del mercado consumidor” (idem, p. 96).
Esta “virtualidad” se espeja también en nuestras relaciones personales. En su último libro, Amor Líquido, un verdadero “tratado” sobre el contacto en la actualidad, afirma que “las relaciones virtuales establecen un patrón que orienta todos los otros modos de relación” (p. 13). Bauman habla sobre la fragilidad de los lazos humanos hoy en día, del sentimiento de inseguridad y de los deseos conflictivos que inspiran a ceñir los lazos y al mismo tiempo mantenerlos laxos. En nuestro mundo de furiosa individualización, dice él, las relaciones son bendiciones ambiguas, oscilan entre el sueño y la pesadilla.
“Hombres y mujeres (...) ansiando por la seguridad de la convivencia y de la mano amiga con la que puedan contar en un momento de aflicción, desesperados por ‘relacionarse’, y mientras desconfiando de la condición de estar vinculados (...) pues temen que tal condición pueda traer costos y tensiones que no se consideran aptos o no están dispuestos a soportar, y que pueden limitar severamente la libertad que necesitan. (p.8). (....) En los compromisos duraderos, la líquida razón moderna ve a la opresión(....) negando derechos a los vínculos espaciales o temporales que no tienen necesidad ni uso que puedan ser justificados por la líquida racionalidad de los consumidores -que presume la satisfacción instantánea y la instantánea obsolescencia de los objetos consumidos (p. 65), pues “lo que caracteriza al consumismo no es “acumular bienes” (...) sino usarlos y descartarlos en seguida, a fin de abrir espacio para otros bienes y usos”. Así, “la vida consumista favorece a levedad, y la velocidad. Y también la novedad y la variedad que ellas promueven y facilitan” (p.67). (....) En las relaciones se aprende a “depender menos de los otros, a dar menos consideración a las demandas de estos por atención y e cuidado”, y se pregunta con mayor frecuencia: ¿qué gano con eso? (p.77)
Exija de las parejas y de todos los demás “más espacio”, “no se deje agarrar. Evite abrazos muy apretados. Recuerde que cuanto más profundos y densos sus vínculos y compromisos, mayores son los riesgos” -la palabra de orden es “red- un variedad de caminos sobre los cuales se puede deslizar” siempre con innumerables opciones, desde que usted está “conectado” (p.78). “¿Una llamada no fue contestada?” (...) “Hay siempre más conexiones a ser usadas –y no tiene gran importancia cuales de ellas se han mostrado frágiles o pasibles de ruptura.” (p.79).
En este escenario posmoderno, se me ocurre que tal vez una de las funciones de la terapia y de los grupos terapéuticos sea la de funcionar como las islas de resistencia de la película Farenheit 451 (me refiero al film original de François Trouffaut, de 1966). En este, en una sociedad futurista, mientras los libros eran tenidos como peligrosos y quemados a la temperatura de 451 grados Farenheit, había “islas de resistencia” formadas por personas que decoraban libros para que éstos no se perdieran. Tal vez la metáfora sea demasiado dramática, pero realmente pienso en los espacios terapéuticos como posibles reductos de abrigo, acogimiento y cultivo de una calidad de contacto más plena, que se enrarece cada vez más Contacto con nosotros mismos, con los otros, con la naturaleza. Espacios en los cuales podamos resguardarnos de nuestra propia tendencia a la deshumanización en esta “líquida modernidad”.
Y por último, la cuestión del contacto en la cultura latina
Somos de hecho más afectivos, menos formales, más horizontales en nuestros vínculos, más emotivos.
Recuerdo que cuando Gary Yontef vino (a Brasil) en 1997, nos halló “confluentes”. Cuando yo estaba haciendo el curso de especialización en Terapia Gestalt en el Instituto de Gestalt de San Francisco, recuerdo que nos percibían “dependientes”, y que experimenté reproducir una vez la modalidad de contacto que observaba usual: estando en un grupo, mirar a las demás personas como si estas fuesen parte de la pared, sin sonreír, sin un guiño, sin reconocer la presencia del otro. Ahí, increíblemente, ¡me percibieron más madura!
Tal vez sabíamos mejor cómo socializar, como estar junto, y cómo “confluir” – en el sentido etimológico de la palabra, que es el de fluir junto, como hacen los ríos. No veo nada equivocado en eso, es más, eso es lo que estamos buscando hacer aquí. Confluir, en este sentido, es muy bueno. En cuanto comunidad Latina, lo que necesitamos aprender más es a influir.
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
Bauman, Zygmunt (1998) O Mal Estar da Pós- Modernidade. Jorge Zahar Ed., Rio de Janeiro.
Bauman , Zygmunt (1999) Modernidade e Ambivalência . Jorge Zahar Ed., Rio de Janeiro.
Bauman, Zygmunt (2004). Amor Líquido. Jorge Zahar Ed. , Rio de Janeiro.
Ciornai, Selma (1989). “Em Que Acreditamos?” II Encontro Nacional de Gestalt Terapia, Caxambu, RJ. (Publicado em Gestalt Terapia Jornal, 1 (1), pp 30-39, 1991, Centro de Estudos de Gestalt Terapia de Curitiba, PR.
Ciornai, Selma (2001) . “Transcendendo a Pós-Modernidade”. Arte Terapia : Reflexões nº 4. Deptº de Arte Terapia , Instituto Sedes Sapientiae, SP.
Lee, Robert G. & Wheeler, Gordon (1996). TheVoice of Shame: Silence and Connection in Psychotherapy. GIC Press, Jossey –Bass Publishers, San Francisco, USA.
Lyotard, Jean-François (1979). A Condição Pós-Moderna. RJ: José Olympio Editora.
Perls, Frederick, Hefferline, Halph & Goodman, Paul (1951). Gestalt Therapy: Excitement and Growth in Human Personality. Delta Books, New York, EUA. (En castellano, Terapia Gestalt, Excitación y crecimiento de la personalidad humana, Sociedad de Cultura y Valle Inclán, Ferrol, España)
Robine , Jean-Marie (1998). Gestalt –Thérapie, la construction du soi. L’Harmattan, Paris.
Robine, Jean-Marie (2003). “Do campo à situação”. Revista de Gestalt, Instituto Sedes Sapientiae, SP
Santos, Jair Ferreira (1986). O que é o pós-moderno ? Editora Brasiliense, São Paulo.
Zinker, Joseph .C. (1994). In Search of Good Form: Gestalt Therapy with Couples and Families. GIC Press, Jossey-Bass Publishers, San Francisco, CA.
Wheeler, Gordon (2000) . Beyond Individualism:Towards a New Understanding of Self, Relationship and Experience. GIC Press, The Analytic Press, Hillsdale, NJ.
(*) Selma Ciornai es Doctora en Psicología Clínica, formada en el Enfoque Gestáltico en el Inst. Gestalt de San Francisco, CA; docente de cursos de formación en Terapia Gestalt en Brasil desde hace 22 anos.
ENFOQUE GESTÁLTICO Edición 30 Otoño 2006
|