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TEM, Transformación en Movimiento. Un abordaje corporal en psicoterapia
Raúl Noceti (*)
He llamado Transformación en Movimiento, TEM, a un abordaje corporal de la psicoterapia que trataré describir, alternando pinceladas conceptuales que me sirven de mojones con algunos relatos vivenciales del trabajo. Transformación devela el propósito psicoterapéutico de un cambio en algún estado de cosas. Un estado afectivo, un modo vincular, un valor cultural etc.
En Movimiento alude al modo en que estas transformaciones se realizan.
La realidad cambia continuamente y nosotros somos los protagonistas activos de ese cambio, utilizando el movimiento corporal como palanca de transformación.
Quienes venimos trabajando con metodologías de acción en psicoterapia reconocimos hace tiempo que no era suficiente el hacer conciente lo inconciente para producir un cambio de conducta. Así reconocimos en Perls, Moreno, Jung, Reich, Lowen, a los maestros que nos abrieron el camino más allá de Freud hacia la utilización de otros recursos integradores del pensamiento, el afecto y la acción. El Darse Cuenta continuo, la responsabilidad del sujeto y el compromiso con su realidad, el aquí y ahora como único momento de la existencia y el cuerpo como el lugar donde se manifiesta la energía vital.
El abordaje corporal posibilita el soporte material para que las transformaciones se sostengan en el tiempo creando nuevos hábitos y canales de expresión.
El sistema que propongo parte de la percepción como primera herramienta de trabajo para luego ensayar modos de manifestarnos creativamente en los diferentes contextos. En ese ir y venir entre percepción y manifestación vamos creando nuevos mundos, desplegamos el alma (psique) que se encontraba latente en un estado de capullo, envuelta por los programas socioculturales y psicológicos que nos protegían y condicionaban desde la infancia.
La percepción enfoca alternadamente tres dominios: lenguaje, afectividad y sensorialidad corporal. Este es el andamiaje subjetivo desde el que construimos los marcos de referencia y sistemas de creencia con que nos movemos en el mundo. En el trabajo TEM, expandimos esos referentes reemplazando creencia por experiencia, probando movimientos, gestos, actitudes diferentes a los acostumbrados o pautados. Cambiando el punto de vista, demorando los juicios, aportamos datos nuevos para luego procesarlos reflexivamente.
Otra herramienta conceptual es la distinción de cinco campos o niveles de manifestación, (nivel corporal, nivel psicológico intrapsíquico, nivel psicológico vincular, nivel socio-cultural y nivel transpersonal). Las tensiones internas de cada campo se expresan con códigos propios de cada nivel y es conveniente reconocer las diferencias y sutilezas de los lenguajes al traducir de un nivel a otro las experiencias (Ej. tensiones y sensaciones en el cuerpo no hablan en el mismo idioma que las interacciones vinculares).
En el salón hay penumbra, la música acompaña un cuerpo que se despliega desde el piso hacia la verticalidad, va liberando sus piernas articuladas, reconociendo la cadera como el asiento y la fuente del movimiento, una columna se reconoce flexible, los hombros sueltan su tensión, los brazos reconocen su raíz en los omóplatos…
El sujeto que habita ese cuerpo, es un sistema holográfico que danza su manifestación y se apropia de las formas que crea, ese lenguaje enriquecido le brinda el soporte necesario para transformar los otros niveles en los que despliega su existencia.
En los modos de interactuar con el espacio, el tiempo, la música exploramos los diferentes grados de libertad que nos vamos permitiendo. Cuando vemos reaparecer una y otra vez las viejas matrices vinculares, podemos ensayar cambios, actualizar sus modos. Entre los descubrimientos satisfactorios y el reconocimiento de diversos límites vamos construyendo los nuevos bordes, una versión recreada, más flexible y operativa de nosotros mismos.
El contexto de trabajo es entonces un gran escenario donde se despliegan simultáneamente varias tramas paralelas a través de cuerpos en movimiento, los procesos son individuales en un medio grupal. Por momentos esas tramas se entrecruzan dando posibilidad a juegos vinculares, a veces espontáneos y otras inducidos por la propuesta de la música o dirigidos explícitamente por el coordinador.
Durante todo el viaje hay un recurso que nos acompaña como el hilo de Ariadna en este laberinto del vivir en conciencia, ese hilo es la respiración.
Somos una conciencia que respira. Ese oxigeno alimenta el sol interior de cada sujeto, el centro cardíaco desde donde contemplamos sin juicio, sin dar crédito ni poder, tanto a los momentos de exaltación que transitamos como a los temores a los territorios desconocidos que recorremos.
El soporte de la persona se asienta de a poco en un protagonismo activo que toma los riesgos del vivir. Proponemos sostener la tensión vital en lugar de buscar soluciones rápidas a los problemas y conflictos que nos aquejan, o disminuir la vitalidad como recurso para evitar el dolor. Es habitual percibir que sobre el final del trabajo deviene un cansancio gozoso en el cuerpo y una alegría tranquila en el alma del sostén y despliegue de esa tensión vital.
En el cierre de cada experiencia propongo la circulación de la palabra donde se comparta lo vivenciado en un intercambio sin opinión, propia o ajena, para no apresurarnos a construir mapas groseros de territorios tan vastos.
La propuesta va más allá del trabajo corporal, siendo éste su modo operativo, y también se diferencia de ser un método psicoterapéutico, es un contexto de aprendizaje, de crecimiento, TEM es un intento evolutivo donde propongo jugar con las variables de la construcción de subjetividad en tramas vinculares.
ENFOQUE GESTÁLTICO Edición 32 Verano 2006
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