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A propósito del Principio de Incertidumbre
Certezas e incertidumbres
en el proceso terapéutico
María Silvia Dameno y Ernesto Vitale (*)
Los neuróticos solemos buscar en la psicoterapia algo que nos proporcione certezas, una perspectiva capaz de acreditar la veracidad de nuestras observaciones. La incertidumbre nos genera ansiedad, temor, angustia, pretendemos conocer acabadamente quienes somos, para saber como debemos comportarnos.
Nos gusta pensar la psicología como una ciencia proveedora de certezas. Sin embargo la comunidad científica nos advierte, desde hace décadas, que todo conocimiento es provisional, y el método científico sostiene como un hecho que nada puede ser probado en grado de certeza absoluta. Cada conclusión alcanzada por un científico debe siempre incluir, aunque sólo sea de manera tácita, el siguiente axioma: “Esto es verdad sólo hasta donde llega nuestro conocimiento actual”. El método científico es, de hecho, la mejor manera de obtener conocimiento válido que ha concebido la humanidad gracias a su constante revisión y a la aceptación provisional de sus conclusiones.
Esta constante revisión de las certezas científicas provisionales ha conducido a la ciencia a un avance real en el conocimiento del universo.
Las teorías científicas están continuamente sujetas a verificación. Si aparecieran nuevos datos que contradigan una teoría, ésta debe ser reformulada para que incluya los nuevos datos, o desechada si no es capaz de hacerlo. La historia de la ciencia está llena de ejemplos en que estas correcciones o refutaciones se han producido, algunas de ellas han sido de tal envergadura que cambiaron por completo la forma de entender el universo que era vigente en aquel momento.
Uno de esos cambios o saltos del conocimiento lo da la física cuántica con el principio de incertidumbre. La teoría cuántica predice que es fundamentalmente imposible efectuar mediciones simultáneas de la posición y velocidad de una partícula con precisión infinita. Fue Werner Heisenberg (1901-1976) quien dedujo esta idea, la cual se conoce ahora como el principio de incertidumbre de Heisenberg. Como tan claramente explicara nuestro colega Alejandro Napolitano en el Nº 31 del Enfoque “la aleatoriedad forma parte indisoluble de la Naturaleza del mundo físico”
Volvamos entonces a pensar desde el paradigma actual, es decir incluyendo el principio de incertidumbre en el tema de nuestro X Congreso: ¿qué es lo que sabemos con certeza?, ¿De qué cosas no tenemos dudas?
Rene Descartes dudaba tanto que hizo de la duda un método, pero no pudo dudar de su dudar. Entonces llegó a una certeza: el famoso “cogito ergo sum...”. En Gestalt invertimos el concepto cartesiano de lo incierto, ya que nos fundamentamos en la fenomenología: damos por obvio lo que sabemos a través de los sentidos y ponemos en duda el saber racional. Por eso nos manejamos con algunas “certezas” prácticas. Pequeñas certezas cotidianas que nos hacen suponer que mañana estaremos vivos, al igual que la próxima semana y en base a eso por ejemplo anotamos una cita en nuestra agenda o programamos un viaje. Certezas que construyen el equilibrio en la cuerda floja de nuestra vida. Estas certezas son convicciones internas, que aunque transitorias, pueden constituir y/o contribuir al soporte de nuestra confianza y nuestra seguridad.
Sin embargo sabemos que estas no son verdaderas certezas. Si las examinamos a fondo, seremos concientes de que no vivimos en un mundo predecible. Que no elegimos cuándo ni cómo llegamos a él ni tampoco (salvo en el suicidio) cuando lo abandonamos. Sabemos que somos incapaces de controlar las variables que caen fuera de nuestra voluntad, que no tenemos ninguna seguridad respecto al pasado (porque podemos haberlo olvidado o ignorado) ni respecto obviamente al futuro. Nuestra única certeza es el presente.
Plantarnos entre la certeza y la incertidumbre implica movernos con las “certezas practicas”, poner entre paréntesis nuestras certezas intuitivas como definitivas y eludir las certezas permanentes e inamovibles.
Nuestras intuiciones son como los amores “eternas mientras duran”, podemos equivocarnos y asumimos el riesgo con prudencia y coraje, pero mantenemos la apertura de intentar que nuestro sistema de creencias no resulte (tan) rígido que nos impida contemplar, ver, observar... procesar y adquirir lo que nos llega a través de nuestros sentidos, la razón, la intuición y el sentido común. Sabemos que nuestras certezas no son definitivas y esto no descalifica nuestras certezas, solamente no las eterniza.
El carecer de referencias futuras (dónde viviremos, dónde trabajaremos, quién será nuestra pareja,...) nos produce gran inseguridad y nos hace más vulnerables ante situaciones adversas.
El desconocimiento nos desestabiliza, porque, por más que neuróticamente lo deseemos la vida no es ni cierta ni estable. Como bien señalara Perls, la neurosis es prima hermana de lo predecible y los neuróticos no toleramos la ansiedad, la angustia y el miedo que no saber/controlar suele generarnos. Queremos conocer como será nuestro futuro para actuar en función del mismo. Cuando las expectativas que creemos conocer del futuro son negativas, nuestro comportamiento refleja dicha negatividad o desesperanza. Por eso muchas veces “construimos certezas” sobre el futuro, cuando en realidad, parafraseando a Sócrates “sólo sabemos que no sabemos nada”. Nada se aleja más de la Gestalt que las verdades absolutas, jamás sujetas a revisión ni a discusión; aquellas certezas que deben ser aceptadas acríticamente y no cambian según se adquieren nuevos conocimientos.
“Estudios sobre los efectos de los diarios bombardeos de Londres por aviones alemanes durante la Segunda Guerra Mundial demuestran que los londinenses mantenían la calma, iban a trabajar e incluso se permitían momentos jocosos contando chistes durante sus noches en los refugios. Pero cuando los alemanes cambiaban sin avisar los horarios de sus ataques, de forma que los londinenses no sabían cuando iban a ser bombardeados, la ansiedad y la desorganización social brotaba entre ellos.” (Luis Rojas Marcos, Nuestra Incierta Vida Normal).
La incertidumbre es por definición la expresión del grado de desconocimiento de una condición futura. Puede derivarse de una falta de información o incluso por que exista desacuerdo sobre lo que se sabe o lo que podría saberse. Puede tener varios tipos de origen, desde errores cuantificables en los datos, hasta terminología definida de forma ambigua o previsiones inciertas que forman parte del comportamiento humano.
Nos acercamos a la psicoterapia en busca de respuestas y nos encontramos con preguntas, preguntas que fueron hechas para no ser contestadas en forma definitiva. Nuestro desafío es tolerar esa sensación de vacío que genera la falta de respuestas a interrogantes existenciales como ¿quién soy? ¿cómo soy? ¿qué quiero?
Mantenemos en estas una incógnita inevitable, natural, porque creemos que responder acabadamente esas cuestiones aborta los interrogantes y la inquietud que las mismas generan. Como estas sensaciones displacenteras resultan difíciles de tolerar por la ansiedad que provocan, tratamos de encontrar respuestas, diagnósticos y rótulos tranquilizadores.
Tolerar la incertidumbre de definir quien soy, implica sostener una verdadera mirada existencial. Si aceptamos que la ausencia de certezas es una condición de nuestro ser-en-el-mundo, el Enfoque Gestáltico con su concepción del tiempo presente, tiene mucho que aportarnos en esta difícil tarea.
(*) María Silvia Dameno y Ernesto Vitale son Lics. en Psicología, y se desempeñan como Vicepresidente y Presidente de AGBA respectivamente.
ENFOQUE GESTÁLTICO Edición 33 Otoño 2007
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