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El impacto de la Terapia Gestalt en estudiantes de Psicología
Viviana Hurovich (*)
Cursar la carrera de Psicología, en la Universidad Nacional de Rosario, hace 10 años atrás, implicaba sumergirse en las profundidades del psicoanálisis, la letra escrita de Freud y los adeptos de Lacan.
Sólo a partir de cuarto año existían las opciones de seminarios de pre-grado de otras corrientes (no muchas), entre ellas la Gestalt. Y al cabo de sexto año, a partir de 1998, se abrió la primera posibilidad de una residencia clínica gestáltica, dictada en su momento por la T.F. Graciela Bruzone y otros profesionales que pertenecían a AGBA Filial Rosario.
Participé de esa primer experiencia, como alumna y si bien venía interiorizándome sobre la Gestalt, haber participado en aquel laboratorio (experiencia terapeutica grupal), requisito obligatorio de la cursada, fue el impulso determinante para comenzar la formación de post-grado en la Escuela de la Asociación al año siguiente.
Sabemos muy bien, cuánto puede impactar en uno atravesar semejante experiencia vivencial: abrirse frente a otros, desnudar los secretos, mostrar las miserias y también las virtudes, emocionarse con el otro, comprometerse con uno mismo, explorar nuevas formas de comunicación, en definitiva, correr el riesgo de ser uno mismo.
Casi una década después, tuve el privilegio de vivir esta experiencia desde la vereda opuesta, ya no como coordinada, sino como coordinadora. Formé parte del equipo docente que dicta la residencia, participé también en la coordinación del laboratorio.
En éste, pude comprobar una vez más, el impacto emocional que provoca, particularmente en alumnos avanzados de la carrera. Como esta nueva manera de conocerse, ya no desde el rol que jugaban en las clases sino desde las profundidades de su ser, intentando abrir esas puertas, que durante tiempo se esforzaron por mantener cerradas, buceando en el dolor, impactados por la apertura, pocas veces permitidas. Animarse a tocar, saborear, oler, desprenderse poco a poco de lo viejo, entregarse a la emoción, al gusto salado de las lágrimas, a la carcajada espontánea, a mirar esa vieja escena que los perseguía, en esa nueva forma que se configuró. Ser parte de ese círculo a la luz de la luna y creer, como cuando eran niños, que era posible de otra manera.
Salir fortalecidos, con miles de interrogantes por responderse y con la certeza de haber encontrado una punta.
La importancia que tiene (mas allá de la corriente teórica desde la cual uno ejerza la profesión en un futuro) vivenciar este tipo de experiencias, las que nos aportan los condimentos indispensables, para alimentar nuestra creatividad, herramienta fundamental a la hora de ejercer nuestro rol, en el trabajo solitario de nuestro consultorio.
(*) Viviana Hurovich es Psicóloga y miembro de la Filial Rosario de AGBA
ENFOQUE GESTÁLTICO Edición 33 Otoño 2007
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