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El Self en Grupos: del concepto a una fuerza actuante (1ª parte)
Jean-Marie Delacroix (*)
Publicamos la 1ª parte de este artículo que propone ideas novedosas incluyendo conceptos fundamentales de la teoría del Enfoque Gestáltico. Esto resulta un interesante aporte para la comprensión de los procesos dinámicos que se desarrollan en el transcurso de la Psicoterapia Grupal.
Lic. Nora Spinetto y Lic. Fernando Bianchi
DEPARTAMENTO DE GRUPOS
La terapia Gestalt, dentro de la tradición de Perls, Goodman, Isadore Fromm y sus seguidores, se apoya sobre una teoría que podríamos resumir bajo el término: “teoría del self”. Esta teoría nos proporciona un marco y una metodología que nos permite entender y estructurar una intervención cuya principal base es la interacción organismo/medio ambiente. También favorece la búsqueda de algún tipo de ajuste que favorezca la evolución tanto de uno como del otro.
Si se considera al self como la dinámica que existe en el campo organismo/medio, que es lo que conduce al ajuste creativo, podemos entonces pensar que no se trata sólo del organismo/medio ambiente singular, sino de un campo tan complejo como lo es el grupo en su pluralidad. Se trata del lugar donde se dé el encuentro de varios organismos, cada uno de los cuales representa, a su vez, el medio ambiente para cada uno de los demás. ¿Cómo es posible que consideremos, entonces, a ese concepto sólo en singular? ¿Por qué no pensar también en “organismos/medios ambientes"?
Esto nos conduce a una serie de preguntas:
¿Existe un self grupal? En caso de que sí, ¿cómo podríamos hablar de ello?
En caso de que no, ¿qué decir? Este concepto, ¿tendría sentido sólo al referirnos a un organismo singular dentro de un medio singular, aun cuando esté dentro de un contexto grupal?
La teoría del self sería entonces sólo una abstracción, un conjunto de conceptos que nos servirían para reportar una serie de fenómenos o como guía de un método pedagógico para la enseñanza de un cierto tipo de psicoterapia. ¿Tiene, entonces, esta teoría algún interés para la comprensión y el manejo de un grupo?
¿Es el self tan sólo una teoría explicativa o es mucho más?
Del conjunto al grupo
Grande es la complejidad cuando se habla de un grupo. ¿A partir de cuándo o de qué podemos hablar de un grupo? )Utilizaré como ejemplo lo que dije en la conferencia que ha dado origen a este texto.
En este momento somos un cierto número de individuos reunidos alrededor de un interés común: la psicoterapia de grupo desde un punto de vista gestáltico. ¿Somos un grupo? No lo creo. Somos, primero que nada, un conjunto de individuos que aparentemente tienen un interés en común. Desde un punto de vista psicosociológico, este conjunto conforma un campo complejo compuesto por varios campos parciales (…) que se van entrelazando unos con otros para crear una gran complejidad. Sin embargo, todavía no estamos en un grupo.
A medida que pasamos tiempo juntos, cada individuo, a partir de lo que es; de sus reacciones personales explícitas o implícitas, conscientes y no conscientes, da su aportación para la elaboración del campo global y, a la inversa, este campo va a influir a su vez en cada persona. Así, estamos constantemente pasando de lo uno a lo otro. Así, cada quien es a la vez organismo y medio ambiente. Estamos probablemente reuniendo las premisas que podrían hacer que nuestro conjunto evolucione hasta convertirse en un grupo.
Podríamos imaginar que un cierto número de los individuos aquí presentes decidan, al final de esta conferencia, comprometerse conmigo en un proceso terapéutico. Así, pasaríamos progresivamente del conjunto al grupo.
Un grupo de psicoterapia se define por el hecho de que varios individuos se reúnen para una tarea determinada dentro de un marco definido. Esta tarea consiste en identificar la manera en que funciona cada uno; en ubicar dentro del aquí y el ahora del grupo los elementos recurrentes de la historia pasada de los individuos y crear un contexto donde cada uno pueda comprometerse en la vía de la transformación, usando al grupo como medio para el darse cuenta, como apoyo y como un lugar donde realizar nuevos experimentos.
Según la mayoría de los conceptos de la tradición psicológica occidental, para que se dé un “grupo de psicoterapia” deben reunirse varias condiciones:
Debe tratarse de un conjunto de individuos.
Éstos están concentrados en una tarea común: la transformación.
Están ubicados dentro de un marco coherente con una metodología y una teoría.
Se forman alrededor de una o varias personas que tienen el “status” de psicoterapeutas.
Para poder hablar del self en un sentido gestáltico, hay por lo menos dos requisitos indispensables:
El encuentro organismo/medio ambiente. Podemos percibir a un grupo como el encuentro de varios organismos donde unos actúan para los otros individualmente, y en subgrupos más o menos grandes, el papel del medio ambiente. Cada persona es a la vez un organismo individual y un medio ambiente para el otro. Es a la vez singular y social. Tal vez no estudiamos lo suficiente la complejidad que representa el hecho de que el individuo sea a la vez organismo y medio ambiente, dependiendo del ángulo bajo el cual se ubique, y que pueda estar ubicado simultáneamente dentro de las dos polaridades. La situación grupal se encarga de recordárnoslo.
La creación de un campo. Este segundo requisito se desprende naturalmente del primero. Postulamos que el encuentro de varias personas crea una globalidad, un sistema, un energético “campo” magnético de relación e interacción. Examinemos, entonces, lo que sucede dentro del campo de una manera global, y a los fenómenos del campo y de la frontera de contacto al interior del campo, entre los individuos.
El fondo grupal
A partir del encuentro y de la combinación de estos diferentes elementos se va a tejer la trama de lo que podríamos llamar el fondo grupal. En la terapia Gestalt suponemos que el proceso terapéutico va a ser posible a partir del momento en que una figura emerja del fondo, tome una forma definida y genere un trabajo que ponga en movimiento a las gestalts atoradas. Sin embargo, para poder hablar de una figura clara que emerge de un campo grupal y en el campo de la conciencia, debemos presuponer la existencia de un fondo. Los conceptos de figura y fondo son inseparables. Desde mi punto de vista, el concepto de fondo aún no ha sido muy desarrollado en la terapia Gestalt. (…)
La emocionalidad grupal como elemento del fondo grupal.
El concepto de fondo contiene entonces estos diferentes elementos: la historia personal, la historia familiar, la historia corporal como sitio de inscripción de las dos anteriores, donde el cuerpo y sus reacciones conforman un modelo elaborado a partir del encuentro de todas estas historias. Desde un punto de vista gestáltico, la historia podría quedarse en un nivel anecdótico si no vuelve a presentarse en el aquí y el ahora del espacio terapéutico a través de sus mecanismos existenciales y de relación. Este famoso “fondo grupal” podría considerarse como una composta a partir de la cual crecerán las “formas” significativas, es decir nuestra manera de hacer o de ser, de comunicar o de protegernos, que provienen de nuestra historia pasada. El fondo contiene la repetición e impulsa en primer plano los mecanismos antiguos, improntas de los eventos históricos que el paciente relata en la terapia. Aquí el grupo terapéutico representa un contexto ideal - por la multiplicidad de acciones que permite - para que emerja el aquí y el ahora de los elementos que han desaparecido en el fondo y que no fueron lo suficientemente masticados y desestructurados como para ser asimilados. Recordemos que estos elementos general en la vida cotidiana lo que llamamos los síntomas y las ansiedades existenciales.
Intentemos definir un poco mejor este asunto del fondo, y del fondo grupal en particular. ¿Qué sucede cuando un cierto número de individuos se reúne para una tarea a la que llamamos psicoterapia de grupo?
Para empezar, y como lo mencionamos anteriormente, en un principio no se puede hablar de un grupo; cuando mucho, se trata de un conjunto de individuos. Podemos hablar de un grupo a partir del momento en el que se da el fenómeno que los psicosociólogos llaman “cohesión”.
Retomemos el ejemplo de la conferencia. Un cierto número de individuos, casi todos desconocidos entre sí, se reúnen alrededor de un tema y de una persona que va a dar una presentación sobre este mismo tema. Se trata, sin duda, de individuos con un interés en común, Sin embargo, esto no es suficiente para hablar de un grupo, y mucho menos de cohesión.
Cuando hablamos de cohesión estamos haciendo referencia a algo que va a unir a los individuos, como una especie de pegamento. Este vínculo, este cemento, no está favorecido por algún suceso externo: por ejemplo, la conferencia del Sr. X tal día, en tal lugar, a tal hora. Se va a construir, más bien, a partir de las reacciones emocionales interiores de los individuos que componen a este conjunto. Después de la conferencia cada uno regresa a su casa y no habrá habido realmente un grupo, aun cuando los individuos hayan vibrado emocionalmente al momento de estar juntos.
A partir de esta conferencia y de los encuentros que puede suscitar, sin embargo, podría nacer un grupo de investigación o de terapia. Lo que constituiría un grupo, entonces, sería el entendimiento mutuo alrededor de una tarea en común y un modo predeterminado de funcionamiento. Cuando hablamos de cohesión de grupo estamos haciendo referencia a un interés y una vivencia internas más o menos comunes que vinculan a los individuos entre sí. A partir de esta vivencia pueden surgir reacciones, interacciones, intercambios verbales y/o emocionales, etc. Hay algo que trabaja subterráneamente dentro de los individuos y que circula de un individuo a otro.
(Según) Bion, (…) a partir del momento en que los individuos están reunidos para trabajar en una tarea en común, se van a observar fenómenos de atracción y de repulsión. Concretamente, las reacciones emocionales son instantáneas, múltiples y complejas en el momento mismo en que varios individuos están reunidos. Inmediatamente se movilizan reacciones muy instintivas alrededor del amor y del odio, de la aceptación y del rechazo, de la fusión y de la autonomía, y un gran temor ante el riesgo de relacionarse con el otro. Estamos ante movimientos emocionales muy fuertes que se desenvuelven en el primer momento, en lo no dicho, o en lo que está dicho con gran cautela y que provoca a menudo una reacción defensiva.
Se trata de fenómenos emocionales muy intensos que actúan a la sombra de cada quien y, a menudo, en la no conciencia. Sin embargo, a través de la no consciencia, se transmite, se siente, se toca al otro, y otros, se le da un tono al grupo y estados de ánimo a cada individuo. Ya estamos en el génesis de la vida afectiva de un grupo. En terapia Gestalt se diría que los estados emocionales individuales se reúnen y forman una “función ello” grupal. En el grupo uno se mueve, se remueve, se resiente, se sufre, se resiste. Este “ello” que circula del uno al otro se vuelve el vínculo, el cemento, la base de la cohesión grupal. Los afectos pueden ser muy diferentes unos de otros, e incluso contradictorios. Lo que forma el vínculo en primer lugar es la presencia de afectos y su movimiento entre los individuos, aun antes de un probable afecto en común. Más adelante la cohesión puede consolidarse alrededor de analogías de afectos, cuando los individuos entran en resonancia unos con otros a partir de las analogías históricas.
Es mi hipótesis que estos fenómenos de atracción y repulsión forman parte de los constituyentes del ello grupal. En efecto, en los grupos se observa que se crea una carga emocional a la vez individual y grupal.
En un primer momento esta carga emocional está presente más en lo no dicho que en lo dicho. Como no es verdaderamente consciente, no es reconocida, se la pone a distancia e incluso se la niega. Esto se traduce en un grupo con reflexiones como: “Me siento bien”, “No me siento muy bien”, “No tengo mucho qué decir”, “Me pregunto para qué estoy aquí, si se está tan bien afuera...” Se traduce también en un lenguaje corporal bastante específico: miradas y rostros volteados hacia el piso; rostros poco expresivos; actitudes corporales de retención.
Esta es una carga emocional retroflectada. En efecto, en ella subyacen angustias y miedos. En un grupo de terapia Gestalt la angustia es la del cambio en el contacto. Quien dice contacto está hablando del reconocimiento de una necesidad individual, del medio ambiente y del otro, así como de una confrontación con el otro para poder satisfacer su necesidad o asumir la carencia. En una situación de laboratorio como la de grupo, no hay escape. A veces se oye la expresión: “Me toca pasar”.
La angustia es también encontrarse con rupturas en el proceso de contacto y, sobre todo, las heridas que estas rupturas tratan de tapar, de esconder. El termómetro sube muy rápido, el contexto es propicio para intensificar rápidamente una angustia hasta ese momento latente. Eso explica la fiebre que se siente en los grupos en cierta etapa de su historia.
Esta angustia que es común a todos los miembros del grupo - incluyendo al terapeuta -, sea o no reconocida, constituye tal vez el elemento más fundamental para soldar un grupo y para darle cohesión.
(…)El nacimiento de la función del ello grupal atraviesa momentos de emocionalidad difusos, confusos. Se siente que algo sucede, uno tiene esa intuición, pero aún no se le puede nombrar. No tiene forma. Cuando mucho se percibe como una especie de hervor leve y a veces intenso.
Paradójicamente, esta no-forma, este hervor cuyas manifestaciones se encuentran en lo difuso y lo confuso, es lo que servirá de vínculo entre los individuos. Esto es lo que constituye “el fondo dado que se disuelve en posibilidades cuyas excitaciones orgánicas, situaciones pasadas inconclusas que emergen en la consciencia, el medio ambiente vagamente percibido y los sentimientos rudimentarios que relacionan al organismo con el medio ambiente” (P.H.G., pág. 185).
“El fondo dado que se disuelve en posibilidades”... Para que aparezcan y se desarrollen las posibilidades se necesita de un fondo. Es nuestra hipótesis que el encuentro de las funciones ello de los individuos va a constituir este fondo grupal, y uno de los elementos básicos de este fondo se percibe a través de la emocionalidad de los individuos en el grupo, que va a alimentar una emocionalidad grupal que va a constituir el “fondo dado”.
Aquí es dónde el self comienza su obra de agente integrador, a través del componente fisiológico y emocional de los individuos, y a través de las primicias de la relación contenida en este nivel emocional primario.
El proceso comienza aquí, en la no-forma, en la búsqueda de un boceto en los primeros pasos de la existencia. Se trata de este estado más o menos diferenciado y caótico a partir del cual todo es posible. Hay “grupos” que no son realmente grupos a pesar de sus apariencias y que son una suma de individuos sin coordinación. Se necesita a veces de un largo trabajo de pre-contacto para encontrar esta emocionalidad grupal que puede ser un elemento importancia en la alianza terapéutica.
La trampa sería suponer que existe porque uno u otro participante explota de vez en cuando o porque el terapeuta propone “ejercicios” que, según él, podrían favorecer la expresión emocional. Esta acción podría tener una función defensiva.
El uso de “ejercicios” de comunicación en pequeños grupos, o de trabajo corporal en subgrupos, me parece cada vez más dudoso al inicio de la historia de un grupo. Si se empieza a dividir lo que todavía no existe y que se está buscando, existe el riesgo de sabotear la constitución del fondo indispensable para el surgimiento de formas justas que no sean simples reacciones.
Se tratará, a lo largo del proceso terapéutico, de reconocer el “magma” grupal para que le siga el vínculo y luego el esbozo de la relación para conducir finalmente al nacimiento del Uno, luego del Yo, luego del Tú hasta lograr el ajuste creativo a través del cual se pueda fabricar un Nosotros.
(*) Jean-Marie Delacroix es psicólogo clínico, co-director del Instituto de Terapia Gestalt de Grenoble y de Instituto Francés de Terapia Gestalt.
(**) Artículo Publicado en la revista Figura / Fondo, Vol. 4, N° 1, Primavera 2000.
Traducción de Guy Pierre Tur.
ENFOQUE GESTÁLTICO Edición 35 Verano 2007
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