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Presentación del libro de la
Dra. Adriana Schnake Silva
Miriam Sas de Guiter
Estamos juntos hoy para presentar el libro “Enfermedad, síntoma y carácter” de la Dra. Adriana Schnake. Esta es su nueva obra sobre el tema; en ella nos provee de más precisiones sobre este enfoque holístico de la enfermedad que ha elaborado en continua y estrecha relación entre teoría y vivencia que es un eje conductor en Gestalt.
Estoy muy contenta y emocionada de compartir con Nana la presentación de su libro y dar cuenta así de la generosidad y entusiasmo con que ella se brinda a su tarea de transmitir, enseñar, y orientar a todo el que se acerca verdaderamente interesado.
El camino de la Gestalt en nuestro país se inició en una época aciaga; fue en 1973, cuando la Dra. Adriana Schnake y el Dr. Francisco Hunneus, ofrecieron sus primeros seminarios. Sus nuevas ideas entusiasmaron y muchos nos interesamos en sus enseñanzas tanto es así que hoy 34 años más tarde sigue vigente este interés que ha ido constituyendo una fuerte presencia en América Latina y que hoy nos congrega para la presentación de este nuevo libro.
Esta Teoría y práctica pone énfasis en la noción de totalidad y de sistema, para avanzar así a una nueva postura respecto de la dicotomía mente-cuerpo y de la causalidad lineal en la comprensión de la conducta humana. El foco está puesto en acompañar al consultante en la recuperación de aspectos escindidos de sí mismo y habilidades perdidas para poder resolver situaciones que inciden en su presente.
Adriana Schnake realiza una importante contribución a este aspecto de la teoría fundante. Su aporte a la noción de totalidad frente a la dicotomía usual mente-cuerpo y al descubrimiento por el paciente y el profesional de las múltiples miradas que completan el panorama de la sola causalidad lineal, hacen de esta obra un recurso profundo en la comprensión de las personas y de su salud dañada.
¿Qué temas preocupan a esta destacada autora en esta obra? En su inicio propone - con sus palabras, “Desde el momento en que nuestra tarea es cuidar la salud de un pueblo, en algo tenemos que unirnos los médicos, los psicólogos, las enfermeras, las matronas, los profesores…" y continúa más adelante:
“Si somos capaces de ver al otro como una persona que está compartiendo un espacio y un tiempo con nosotros, que es un cuerpo-para y ante nosotros, no un cuerpo-para-la-enfermedad, es posible que se produzca un verdadero encuentro. Y es en este espacio privilegiado, donde podemos tener un diálogo verdadero.”
Ese diálogo con el terapeuta acompaña al paciente para recuperar la integración de aspectos olvidados, a dilucidar el rechazo y el desconocimiento de aspectos de sí mismo, así como de los órganos afectados, y en primer lugar a algo que parece obvio, que es que ese órgano afectado constituye parte de la persona, y que hace falta estar en contacto con la totalidad que forman.
Para acceder a estos temas la autora plantea la necesidad de redescubrir los ritmos naturales, hacerse hábil en las descripciones claras , descubrir lo falso en los mensajes que recibimos y que ofrecemos a otros y también a nosotros mismos y muy especialmente atender a lo organísmico, esta capacidad de lo viviente hacia su propia regulación e integridad.
Nos transmite su palabra inquieta sobre estos temas en los que trabaja desde hace muchos años, en especial en relación a los síntomas y las enfermedades con las que expresamos nuestro desasosiego, nuestros inconvenientes en los vínculos; la problemática que acarrean las expectativas, muchas más allá de nuestros deseos o de nuestras posibilidades corporales.
La obra aborda detalladamente cómo desde nuestros órganos, levantamos la voz, paradójicamente, una voz silenciosa para advertir ese peligro de la adecuación a propósitos que van más allá de las posibilidades del organismo. Estar entrenado para escuchar y dialogar con la persona y sus órganos dañados es el eje de su metodología, metodología que incluye como uno de sus recursos centrales que el consultante establezca un diálogo con el órgano enfermo.
¿Qué lugar le asigna al paciente? El de agente de su propia transformación, de habilitador de recursos que ya están en él.
Al terapeuta, como interlocutor, le asigna la tarea de alcanzar una fina capacidad perceptual de empatía y de encuentro con el paciente. La palabra paciente, sí bien permite entendernos, no es la más apropiada porque el tal “paciente” no es pasivo en la búsqueda sino activo, o se va tornando activo. Como nos dice Nana no se trata de curar (mucho sé yo como su discípula de los peligros que nos señaló sobre el “furor curandis”!!,) se trata de transformar, transformar un vínculo, una idea, una ideología, en otra más acorde, más respetuosa de si mismo.¡y ésa es la cura!
Ese es el sentido de los trabajos desarrollados con los consultantes y ejemplificados en la obra. Para poder alcanzar “sabiduría” se requiere recorrer lo implícito y lo explícito, completar el arco desconocido para captar la circularidad de la relación, en este caso de la persona y su aspecto enfermo. Para corregirla y promover el descubrimiento se hace necesario recuperar el asombro y la curiosidad que se han opacado en el mejor de los casos y desactivado en otros más graves, que dejan a las personas aprisionadas en hábitos, pensamientos y lealtades que no siempre son revisados.
Para advenir a la propuesta de Nana es necesario pulir tanto las herramientas del paciente como las del terapeuta, ya que muchos de nosotros podremos incurrir en lo que Perls y Goodman, han llamado errores de experiencia, que definen como un “error teórico fundamental dado en la experiencia del observador.... resultado de una falla neurótica de la percepción, del sentimiento o de la acción”. En el mismo sentido Gregory Bateson se refiere a diversos errores epistemológicos, errores del conocer, que pueden impedirnos cambiar nuestros puntos de vista. Necesitamos detectar o darnos cuenta de estos errores que influencian nuestra relación con el medio. La idea aportada por la Gestalt Theorie, sobre la confusión de la parte con el todo, ha tenido sin duda incidencia en la visión de la Psicoterapia Gestáltica, que considera también como errores el valorar la acción deliberada como mejor que la espontaneidad y, como señaló Bateson el hombre incurre en un error al creer que puede actuar contra la naturaleza, sin advertir que dañando a la naturaleza se daña a sí mismo.
Corregir la idea de máximo, equiparado a bueno en nuestra cultura, es enfatizado en la obra “Enfermedad, síntoma y carácter”.
En nuestra práctica clínica, la referencia que hemos recibido sobre este tema alude a normas que presionan y cuya magnitud agobia, una sensación de máximo que nuestra cultura acepta como el camino obvio a la realización de muchas tareas, identificando “máximo” con “bueno” . La noción de “óptimo” en cambio, ofrece más discernimiento sobre las conductas y valores que contribuyen al estado de salud
Nos dice la autora “ Por mucho que se conozcan las características de los órganos por parte del paciente y/o del terapeuta, el diálogo entre el órgano y el paciente requiere una concentración y una escucha privilegiadas del terapeuta, que tiene que estar atento a las expresiones mínimas de la persona, para permitirse enfatizar las características más rechazadas por ésta”
Lo mínimo y lo pequeño, requieren ser valorizados. Lo mínimo, en muchas ocasiones, está más cerca de lo óptimo.
Recojo algo de mis notas tomadas en una clase en Chiloé en 1996. Dijo Nana en esa ocasión: “Captar lo irrepetible, lo sutil. Saber lo elemental del funcionamiento con una absoluta admiración de lo que es”!
Nana señala también otro error epistemológico al decir “la generalización perturba la mirada fenomenológica y puede dificultar la relación terapéutica, en la que es básico estar abierto y sin prejuicios”.
Un eje central en este trabajo está ligado a sostener y ser sostenido. En la dramática situación de una enfermedad, descubrimos que hay tantas personas que se han sostenido solas, que casi sin darse cuenta han forzado su posibilidad, y olvidado el diálogo, la relación Yo -Tú, nuestra primera experiencia en la vida.
Retomar esa experiencia en una sesión ya es por sí mismo sanador. El ir y venir del diálogo, entre el terapeuta, el paciente y su órgano enfermo - como recalca la autora - trata de ser un “verdadero ejercicio de humildad y aceptación de la dependencia natural de las cosas” y se realizará ,hasta lograr captar la característica esencial de ese órgano. Esta característica, a menudo es desconocida o ha sido rechazada por el consultante.
Las pautas culturales de las que somos participes, en muchas ocasiones desisten de la flexibilidad, de la humildad, de la sensibilidad, para anteponer otras características que eviten la vulnerabilidad. Es un alivio en muchos casos reapoderarse de la vulnerabilidad, y por eso recuperar la fortaleza de sentir miedo, de manifestar el enojo, de poder disentir.
En el extremo opuesto haber dependido tanto de otros, de tal manera que hayamos olvidado que nuestra integración también nos sostiene, que los órganos sostienen nuestra acción, que son parte de nosotros, también es una información a recuperar, como podemos aprender en los valiosos ejemplos del libro.
Dice la autora en la obra que hoy presentamos, ”A partir del verdadero conocimiento de las características de cada uno de nuestros órganos y sistemas, podríamos llegar a darnos cuenta de la extraordinaria mezcla de valores, posibilidades y limitaciones que nos habitan, y, en este reconocimiento, podría ocurrir que cada vez sea menos necesario que una parte tenga que gritar para que sepamos que existe.”
"Enfermedad, Síntoma y Carácter" tiene como nos dice Nana muchos colaboradores que dan testimonio de experiencias realizadas, son pacientes y terapeutas de distintas partes del mundo adonde ella ha llevado sus enseñanzas, que han colaborado también en los datos de las fichas sobre los órganos y sistemas que forman parte de esta obra. También hay testimonios de aquellos que han estado en su preciosa Chiloé, con su mar sereno, su bosque y su taller de trabajo casi dentro del bosque.
Tengo un gratísimo recuerdo y un agradecimiento siempre renovado de lo que aprendí allí y en todas las ocasiones donde pude participar de sus talleres y de su afecto. ¡Muchas gracias Nana!
(*) Miriam Sas de Guiter es Lic. en Psicología, Secretaria Científica de AGBA, socia fundadora y docente de la Escuela de Formación en Gestalt.
ENFOQUE GESTÁLTICO Edición 36 Otoño 2008
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