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La revolución del ojo por ojo o por una reivindicación de la retaliación
Ricardo Klein
La ley mosaica del talión, que enuncia el “ojo por ojo, diente por diente” es considerada generalmente como algo primitivo. Estas líneas intentan resituar el concepto a fin de restituir el sentido de la ley del talión, y diferenciarlo de la vendetta, a cuya escalada queda en general asociado, perdiéndose un invento revolucionario en la historia humana, que además es la base del sistema jurídico actual. Cuenta la historia que:
Había una vez, y esto aconteció hace muchos siglos, cuando el homo sapiens era un nuevo ser en la faz de la Tierra, y ocurrió que un hombre mató a otro en una contienda. Los familiares, enojados con él, lo mataron a él y a sus hermanos. Los hijos de éstos, al crecer, degollaron a las familias enteras de los asesinos de sus padres. Se había instalado la vendetta, la famosa ley de la venganza. El daño se multiplicaba en una escalada que sólo terminaba con la total aniquilación del otro.
Esta lógica tan arraigada a lo humano- siguió vigente con el transcurso de los siglos, siendo sus retoños productos como “cinco por uno, no va a quedar ninguno”, el asesinato de treinta civiles por la muerte de un nazi durante la Segunda Guerra Mundial, la estructura de la ciudad de Verona dividida en Montescos y Capuletos con las escaladas entre ambos, el insulto seguido del golpe y éste del disparo entre dos conductores de coches que se han encerrado en una calle. Lógica de la vendetta, lógica hecha famosa por la ley mafiosa, unida a la omertá, el silencio pues de esto no se habla. No se habla, se actúa; lógica imperiosa del acto.
Tras muchos siglos de estar el hombre en la Tierra, hace unos tres mil años, otro hombre quiso acotar el daño. Quiso hacer justicia. Justicia sin venganza. Dar algo por lo perdido, no más de lo perdido. Sólo lo mismo que se perdió. Esto fue revolucionario en su momento y considero que lo sigue siendo-. Detenía la escalada, frenaba el impulso que por el daño recibido- autorizaba toda la acción que se deseaba descargar en el agresor, y puso límite. Acotó el daño al daño recibido. No más cinco por uno, no la vida de toda la familia por la del asesinado; no la vida del hiriente por un ojo herido. Sólo era cobrable la pérdida. No más. Sólo ojo por ojo, sólo diente por diente. Ley del Talión. Base del sistema jurídico actual.
Tiempo más adelante, a otro hombre se le ocurrió que el ojo perdido del agresor no beneficiaba en nada al hombre con el ojo perdido. Y que las limitaciones devenidas por esa pérdida se hallarían más recompensadas con un determinado pago. Obviamente el hiriente también se beneficiaba, y por ende aceptaba devengar el pago de determinada cifra por el daño realizado, conservando así su propio ojo. El ojo por ojo siguió funcionando como lógica, cambiando el ojo por un valor asignado al mismo. Ley del Talión.
Luego los legisladores tomaron ese creativo trueque y lo transformaron en norma jurídica, dando un valor preestablecido a un ojo, un diente, un daño. Y desde entonces, ese valor se ha ido modificando sin cambiar su fundamento. Se sofisticó la situación, los diversos daños, la forma de pago… todo eso sobre la piedra basal de la Ley del Talión.
Por todo lo expuesto considero que al hablarse de la retaliación habría que denominarla revendetta, resituando el concepto de retaliación como aquel que pretende una reparación, o sea justicia y no venganza, limitada además al daño acontecido. El interés de estas líneas no es sólo el resituar el concepto de retaliación en sí mismo, sino además clarificar la diferencia entre las aspiraciones retaliativas y las propias de la vendetta. La primera la considero ligada a la Gestalt, pues tiende a poder producir un cierre, a que la situación pueda concluir. No propongo que sea obligatorio un cobro para que la Gestalt pueda cerrar; sí que el dejar de considerar que el daño recibido da derecho a una respuesta ilimitada sea parte del proceso de cierre. La vendetta genera una escalada imposible de cerrar y que sigue reproduciendo síntomas, daños, muertes y situaciones imposibles de cierre alguno, por el tipo de lógica imperante.
Para cerrar, quiero compartir con ustedes un hallazgo que disfruté hace unos años (2001) cuando leí en la tapa de Campo Grupal (Nº 28), el siguiente cuento de Dino Buzzati:
“Estaba en el extranjero, muy lejos, cuando recibió tres telegramas. Abrió el primero: habían dinamitado su casa. Abrió el segundo: habían matado a su mujer. Abrió el tercero: habían masacrado a sus hijos. Cayó al suelo. Lentamente se levantó. Como no tenía dinero, emprendió el retorno a pie. Su andar iba haciéndose más rápido. De hora en hora pedaleaba más velozmente. El velocímetro oscilaba entre 180 y 190. El estruendo del ejército blindado que dirigía resonaba en campos y valles. En la clara mañana los campos floridos se oscurecieron por la sombra de la inmensa cuadrilla de bombarderos que piloteaba. Distinguió, allá abajo, al enemigo. Detuvo su bicicleta, saltó a tierra, se enjugó la frente. Un árbol de ofrecía su sombra, un pájaro cantaba. Sentado al borde del camino, sentía los pies doloridos de cansancio. Contempló los prados, los bosques, las montañas, aquellas misteriosas montañas. Que cosa inútil la venganza”.
(*) Ricardo Klein es Lic. en Psicología y docente de la Escuela de Formación en Gestalt.
ENFOQUE GESTÁLTICO Edición 36 Otoño 2008
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