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EDICIÓN 36
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  El terapeuta escultura con oídos versus el terapeuta persona
Mauricio J. Strugo (*)


Quien acompaña a un paciente además de terapeuta es una persona, que como totalidad está atravesado por lo que le sucede puertas afuera del consultorio: como amigo, padre, hijo, hermano, esposo y otros roles que ocupa en su día a día. Es un individuo con una historia familiar y personal que lo hace un ser único en el mundo. En mis primeros contactos con el Enfoque Gestáltico, una de las cuestiones que me conmovió y me hizo querer seguir sumergiéndome en su aprendizaje fue lo hermoso de descubrir que quien estaba del otro lado de la terapia era una “persona real”. Una persona que también sufría, a la que también le pasaban cosas, que no era tan perfecto como la imagen idealizada que tenía yo de ese lugar cuando estudiaba en la universidad. Probablemente la caída de ese ideal, hoy me doy cuenta fue más beneficiosa que el dolor de seguir sosteniendo una figura parecida a una estatua pero con oídos; escuchar del otro lado: “A mi también me pasó” o “me conmueve lo que estás contando”, y ver que del otro lado te miran y se dejan mirar con las emociones sobre la mesa, calaron mucho más profundo que tantas palabras que se llevó el viento; comprendí que ésta era la relación dialógica de la que Martín Buber (1) mencionaba cuando hacia referencia al yo tú; recordé y tengo muy presente a todos los terapeutas/profesores que acompañaron mi formación en la Escuela de Especialización en Gestalt de AGBA, cada uno con su estilo, con su particularidad, pero con la característica común de todos de poner el cuerpo, de estar presentes, Joseph Zinker dice: “Presencia” significa “estar presente” como uno mismo sin nada de más o de menos. La auténtica presencia no debe confundirse con carisma, estilo o fortaleza. Estar presente significa estar completamente cimentado para permitir al sistema cliente emerger, iluminarse, comprometerse y ser asimilado. Mientras la presencia es fácil de reconocer en el momento que la veo, es muy difícil describirla en palabras, es tanto una posición psicológica, como una apertura espiritual; es la apertura de los ojos y los oídos, pero también una apertura del corazón. Nos convertimos en “uno mismo como testigo”.(2) Entonces y también ahora, reflexionando acera de la presencia del terapeuta, me surgen preguntas: ¿Cuánto del otro lado de la trama se juega al encontrarnos con eso que trae el paciente? ¿Para qué esa persona con ese conflicto cae cual paracaidista en nuestro consultorio como si fuese casualidad? Y más que intentar ilusoriamente encontrar respuestas estas preguntas me llevan a seguir reflexionando siguiendo en esta búsqueda en la que invito a compartir a quienes anden por los mismos rumbos que nos llevan a preguntarnos un poco más acerca del otro polo de la terapia. Los terapeutas no somos neutros ni totalmente objetivos precisamente porque somos personas, por más que lo intentemos, por ejemplo no emitiendo opiniones respecto a algo que traen los pacientes, seguramente por algún lado se nos escapará alguna señal que manifieste que nos pasa con eso que dice el otro. Tampoco podemos decir que quienes ocupamos ese sillón estamos libres de prejuicios, ya que como dije desde el principio, somos personas atravesadas por nuestras propias experiencias que repercuten en el modo particular de ver la vida y lo que ocurre en ella, y además nuestras emociones hacen que nunca estemos exactamente igual cuando atendemos a nuestros pacientes. No tener presente todo esto puede ser un problema que además de perjudicarnos a nosotros, interfiera en el objetivo primario de brindar un espacio saludable para que el paciente pueda hacer su proceso terapéutico. Creo que es importante darnos cuenta que esto nos pasa a todos básicamente por ser personas, y así como le decimos a nuestros pacientes que para salir de un problema, primero hay que aceptarlo, y para no caer en la tan sabia frase: “en casa de herrero cuchillo de palo”, de la misma forma tenemos que proceder nosotros, para quizás luego de aceptarlo, poder integrarlo como parte de nuestra identidad profesional como recurso. Pienso que para hacerlo, nos sirve tener un proceso terapéutico como pacientes pero creo que además de trabajar las cosas que nos van sucediendo en la vida, resulta vital descubrir nuestras fronteras y límites como terapeutas, tener en claro con que historias no trabajaríamos por nuestra forma de pensar, con que pacientes no voy a poder, porque lo que se juega en mi al estar acompañando es tan fuerte que hará el espacio más tóxico que nutritivo. Por lo menos yo, voy viendo que por más intentos de abrirme que haga en pos de expandir mi personalidad, algunas cosas serán difíciles de cambiar o de aceptar, no porque sea terco, ni cerrado sino porque ese es mi límite hoy, hasta ahí elijo llegar, y sino lo tengo en cuenta realmente puede ser complicado y jugarme en contra; en todo caso y está bueno, revisaré cuales son mis prejuicios, que pienso al respecto de tal y cual tema para decir soy persona antes que terapeuta.

(1) “El camino del hombre” Martín Buber. Editorial Altamira.
(2) “En Busca de la Buena Forma” Joseph C. Zinker. IHS Editorial.

(*) Mauricio J. Strugo es Lic. en Psicología y es egresado de la Escuela de Formación en Gestalt.

ENFOQUE GESTÁLTICO Edición 36 Otoño 2008


     
 
Asociación Gestáltica de Buenos Aires l 2008